Obesidad: Grasa vs. Carbohidratos


 Siempre hemos creído que estamos gordos por causa de la grasa en los alimentos, incluso un prestigiado Laboratorio Químico - Farmacéutico, hace una década más o menos, creyó haber descubierto la piedra filosofal de la obesidad, que todo lo que tocara perdería indefectiblemente la grasa acumulada a través de años de mala educación en el comer.  Un inhibidor de la lipasa pancreática que ingerido antes de los alimentos, evitaría la absorción intestinal de la grasa ingerida voluntaria o involuntariamente durante la digestión, y de esa manera, forzar al sistema a consumir la grasa almacenada para obtener la energía necesaria para el metabolismo y las funciones orgánicas propias para la homeostasis.
Pues bien, craso error que le ha costado a la compañía pérdidas millonarias, al no obtenerse los resultados  esperados, se han visto forzados a utilizar mecanismos de mercadotecnia no muy éticos para lograr al fin de cuentas su objetivo, vender su producto a como dé lugar, aunque no sirva para el control de peso.
En realidad la grasa que consumimos contribuye con el 10% de la grasa que acumulamos en nuestros depósitos lipídicos subcutáneos e intra-cavitarios, el otro 90% procede de los carbohidratos de nuestra dieta, de los cuales los carbohidratos símples son los principales responsables de la acumulación de grasa, los carbohidratos complejos, al necesitar un proceso de “conversión” a carbohidrato simple que consume energía, contribuyen en menor proporción a la acumulación de grasa.
Se han ideado múltiples tratamientos para obtener el control del peso corpral, inhibiendo el apetito, inhibiendo  la absorción de nutrientes, aumentando el metabolismo basal, siempre tratando de obtener un balance negativo en la acumulación de reservas del metabolismo energético.
No solo es ocupar menos espacio en el universo, es tener mayor control de tu vida, ser más ágil en tus movimentos, ser más saludable, disminuyendo la posibilidad de terminar tu vida antes de lo programado por la Naturaleza, evitando factores de riesgo que precipitarían tu ingreso al cementerio.  No importa que digan, “Mira que sano se murió”, sino que digan “Murió cuando tenía que hacerlo, a los 95 años de edad, y en manos de un marido celoso…”

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